El niño ante el divorcio

Divorcio y niños desatendidos
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No  podemos pretender que las cosas siempre nos salgan bien. Todo el mundo empieza la andadura del matrimonio con alegría y buenas intenciones. Sin embargo, a veces las cosas no salen como esperamos. Eso no es un problema en sí mismo. La vida es un carrusel de emociones y de vivencias. Todo en la vida tiene un inicio y un fin. Ahora bien, ¿Qué sucede con nuestros hijos? ¿Estamos pendientes de sus sentimientos en el proceso de divorcio o separación? ¿Es justo que el divorcio genere niños desatendidos por sus padres? Si te interesa el tema, ¡Sígueme!

En esta entrada no pretendo hablar de derecho. Al menos no de forma directa. Y es que el derecho no es lo esencial. Lo esencial son las personas. El derecho sólo sirve para regular las relaciones sociales y facilitarnos un poco las cosas. Desde un punto de vista más humano, abordaré la siguiente cuestión: ¿Durante el divorcio o la separación, dejamos a nuestros niños desatendidos?

La percepción del divorcio

Generalmente, nuestros hij@s perciben el divorcio como un suceso más o menos traumático. Tal y como reportó Ed Forston en su documental What Parents Need to Know from Kids about Divorce, la mayoría de los menores definen el divorcio o la separación como una situación «dura» o «difícil«. La ansiedad que genera un futuro incierto y desconocer si se podrán seguir viendo a ambos progenitores, son situaciones tensas para nuestros menores.

El conflicto entre los progenitores

El conflicto, las disputas, las peleas y los insultos entre progenitores suelen ser los sucesos a los que más referencia hacen nuestros hij@s en los divorcios y las separaciones. Loa mayores acostumbramos a estar cegados por intereses espúreos y rencillas personales. Tanto es así que en no pocas ocasiones, focalizamos nuestra atención en herir al otro progenitor. En ese contexto, el divorcio genera niños desatendidos.

De hecho, muchos niños y niñas exponen que una de las cosas que más recuerdan del proceso de divorcio o separación es ver a sus padres peleándose. Muchas veces pensamos que el divorcio o la separación es cosa de dos. Lo cierto es que es una visión egoísta y egocéntrica. Si tenemos menores, los tentáculos del divorcio se extenderán irremediablemente hasta envolverlos en nuestros problemas. Así pues, no cabe duda de que el divorcio genera niños desatendidos.

El sentimiento de culpa

¿Puede llegar a pensar nuestro hij@ que la separación de sus padres se produce por su culpa? En efecto, En no pocas ocasiones nuestros niñ@s piensan que ellos han sido el detonante de la separación de sus padres. Suelen llegar a esa conclusión tras pensar que antes de su llegada al mundo, sus padres estaban juntos.

Sin duda alguna se trata de un pensamiento demoledor instalado en la mente de una persona que aún no es capaz de procesar toda la información que recibe. Sufren al ver que las personas que más quieren se separan y sin entender bien el porqué, muchas veces piensan que sin su presencia, aquella separación no se hubiera producido. Es muy importante que durante la separación, los progenitores hablen con sus hij@s y les hagan entender que:

  1. El divorcio o la separación se ha producido por otros motivos que nada tienen que ver con él/ella
  2. Tanto el padre como la madre quieren a su hij@ y lo tendrán en cuenta en todas las decisiones que tomen
  3. Van a seguir viendo tanto a la madre como al padre, aunque si bien de forma y frecuencia distintas

No cabe duda de que el menor también necesita ser acompañado, escuchado y comprendido durante la ruptura del matrimonio o pareja. Habida cuenta de que queramos o no son parte en el divorcio o la separación, hemos de hacer que sientan que no los excluimos. Ahora bien, evidentemente nuestra intervención deberá modularse en función de la edad de nuestro hij@.

La manipulación del hij@

Esta es otra de las conductas que se suelen dar con relativa frecuencia. Huelga decir que si nos encontramos en este punto, seguramente no habremos tenido en cuenta ni los sentimientos ni las opiniones de nuestros hij@s.  Llegamos a este punto en el que se busca generar en el menor un conflicto de lealtades o alienación parental, nuestro objetivo será herir al otro progenitor.

Como lo definiera Sue Polan en el reportaje The high cost of high conflict divorce for the childre: damages through the lifespan, los hij@s describen esta situación como el hecho de encontrarse en medio de una batalla. Así pues, lejos de haberlos mantenido al margen de nuestras rencillas personales, les habremos hecho participe del problema. Hasta el punto de obligarlos a posicionarse. En esa interpretación binaria de la realidad (conmigo/contra mi), el menor se ve sometido a fuertes presiones. No quiere defraudar a ninguno de sus progenitores, pero será consciente de que no puede satisfacerlos a los dos a la vez.

Otros tantos menores refieren que esa situación les bloquea. No saben qué hacer para contentar a ambos progenitores. En ese contexto, muchos piensan que la inacción es la mejor alternativa. Creen que si no se decantan por ninguno de los dos, puede que salgan ilesos de la batalla psicológica.

La imitación ¿Si mis padres lo hacen, por qué yo no puedo?

Uno de los fenómenos más extendidos entre los hij@s de padres separados de forma «conflictiva» es la imitación de sus comportamientos. No es extraño que el niño que ve como sus padres se gritan, insultan o pegan, hagan lo mismo. Es muy conocido el hecho de que el niño de padre maltratador imite a éste y agreda también a su madre.

No podemos olvidar que nosotros somos el reflejo de nuestros hijos y que incluso en medio de un divorcio o separación, es nuestra obligación criar y educar a nuestros menores. No podemos esperar que nuestros hij@s se comporten de forma civilizada si le lanzamos señales opuestas. Además hemos de ser conscientes que ha edades tempranas ya se empieza a formar su carácter. Este es otro indicador que apunta a que el divorcio o la separación ha derivado en niños desatendidos por sus padres.

¿Qué podemos hacer los padres?

Llegados a este punto, los padres se plantean qué pueden hacer para evitar trasladar a sus hij@s todas su inquietudes, miedos y temores. En ese contexto resulta interesante la propuesta de Ed Forston:

  1. Modelar: influir en el hij@ mediante una actitud positiva. Nuestros hij@s tienen la habilidad de copiarlo todo. Tanto lo bueno como lo malo. De nuestra pericia, dedicación y sincera preocupación por nuestros menores dependerá que le demos o no herramientas para superar esta etapa de su vida.
  2. Envolver: debemos hacer entender a nuestros hij@s que seguimos estando ahí. Que nos preocupa cómo se siente y que queremos ayudarles. De lo contrario, el divorcio generará menores desatendidos y con sentimiento de abandono.
  3. Centrarse en ellos: además de hacer que nuestros hijos se sientan queridos, comprendidos y acompañados, hemos de centrar nuestras decisiones en función de sus intereses. Ningún conflicto entre progenitores debería ser más importante que el bienestar de sus hij@s. Éstos, a diferencia de nosotros, no tienen tantos recursos ni para entender qué pasa ni para sobreponerse a la nueva situación.

Si los progenitores siguen estas tres reglas o claves, sin lugar a dudas sus hij@s estarán en mejor disposición de sobreponerse al divorcio. Y superar esta etapa de forma positiva fortalecerá su relación con cada uno de los progenitores y le dará confianza de cara a otros sucesos de su vida.

En resumen, que un divorcio no redunde en niños desatendidos por sus padres pasa por pensar en ellos. Preocuparse por sus sentimientos y hacerles notar que les queremos y que siempre podrán contar con nosotros es la mejor prevención de futuros traumas.

¿Qué no deben hacer los padres delante de sus hijos?

Aunque parezca una obviedad, en no pocas ocasiones los padres discuten y pelean delante de sus hijos. Como hemos dicho, este es quizás el peor comportamiento que se le pueda mostrar a nuestra hija o hijo. Aprender de pequeños que las relaciones de pareja se cimentan sobre la base de la violencia puede arruinarles su vida futura. Por lo tanto, los padres no deben pelear o discutir delante de sus hij@s.

Otro comportamiento a evitar es el de involucrar a los hij@s en el divorcio. Utilizarles para generar conflictos de lealtades es una conducta execrable y reprochable. No sólo genera en el menor inseguridad y sentimiento de culpa, sino que fomenta una serie de valores nocivos en el hijo, como lo es la aceptación del hecho de utilizar a las personas para conseguir objetivos particulares.

 

Conclusiones

En muchas ocasiones, las disputas entre progenitores y las ganas de herirse durante el divorcio deriva en niños desatendidos. Los hij@s observan, en el mejor de los casos, como se vuelven transparentes a los ojos de sus padres. En el menor de los casos, nadie les preguntará cómo se sienten ni cuál es su opinión. En el peor de los casos serán objeto de malos tratos o sometidos a conflictos de lealtades.

Sin duda alguna es una irresponsabilidad actuar así. Demuestra las pocas herramientos que a veces tenemos los adultos para afrontar nuestros problemas. También refleja el egoísmo que a menudo domina nuestras acciones. En ocasiones anteponemos el ánimo de venganza al interés de nuestros hijos. En ese caso, olvidamos que ellos no tienen la culpa del fracaso de nuestra relación.

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Estamos esperando poder ayudarte poniendo a tu disposición nuestro conocimiento y nuestro tiempo. Al pie de esta página encontrarás nuestros datos de contacto.

 

Fuentes consultadas:

  • What Parents Need to Know from Kids About Divorce. Produced by Ed Fortson, fl. 1991Partners in Parenting (Grand Junction, COListen 2 Kids2011)19 mins 
  • The High Cost of  High Conflict Divorce for the Children: Damages Through the Lifespan. Produced by Sue Polan, fl. 1986Listen 2 Kids (Grand Junction, COListen 2 Kids2014)23 mins – Universitat Oberta de Catalunya