Un hijo puede sentir que querer o disfrutar con uno de sus progenitores significa traicionar al otro. Esa tensión ayuda a entender lo que suele llamarse conflicto de lealtades. No es una prueba automática de manipulación ni debe confundirse con un diagnóstico de SAP.
¿Cómo puede aparecer un conflicto de lealtades?
Puede surgir cuando el menor recibe mensajes incompatibles, se le utiliza como mensajero o percibe que expresar afecto por uno de sus padres entristece o enfada al otro. También puede sentirse responsable de cuidar emocionalmente a un adulto tras la ruptura.
El contexto importa. Una frase aislada no permite explicar toda la relación familiar. Deben valorarse la edad, la historia del hijo y los hechos concretos, sin convertir en culpable de antemano a la madre o al padre.
¿Es lo mismo que alienación parental?
No. El conflicto de lealtades describe una dificultad relacional; no acredita por sí solo que exista una campaña deliberada. El artículo 11.3 de la Ley Orgánica 8/2021 impide fundar decisiones en planteamientos sin aval científico que presuman manipulación adulta, como el denominado SAP.
Sí pueden investigarse presiones o impedimentos concretos cuando existan pruebas. Deben examinarse también la experiencia propia del hijo y posibles situaciones de violencia. No puede explicarse todo rechazo con la frase «el otro progenitor lo ha puesto en mi contra».
¿Qué comportamientos conviene evitar?
No pidas al hijo que elija quién tiene razón, que lleve reclamaciones de dinero o que informe de la vida privada del otro domicilio. Evita condicionar regalos, afecto o tranquilidad a lo que diga sobre su padre o su madre.
Procura que las comunicaciones sobre horarios y gastos se produzcan entre adultos por un canal apropiado. Cumple las medidas vigentes y utiliza las vías legales para solicitar cambios. Estas pautas no obligan a mantener contacto directo entre progenitores cuando hay prohibiciones o riesgos.
¿Debe escucharse al hijo?
Sí, atendiendo a su edad y madurez; en los procedimientos correspondientes debe ser oído siempre a partir de los 12 años y también antes si tiene suficiente madurez. No existe una regla general que prohíba escuchar a menores de ocho años. Escucharlo no significa hacerle responsable del resultado judicial.
Es preferible una intervención profesional y judicial adaptada a su situación a que los adultos repitan preguntas buscando una respuesta favorable. Si expresa miedo o relata violencia, no debe descartarse su relato por atribuirlo anticipadamente a manipulación.
¿Puede el tribunal imponer terapia a toda la familia?
La sentencia del Tribunal Supremo 1310/2025, de 25 de septiembre (ECLI:ES:TS:2025:4186), eliminó una obligación de terapia familiar conjunta porque no existía base para imponerla a adultos capaces. Diferenció esa cuestión de la protección y asistencia del menor. Una recomendación terapéutica no equivale siempre a una obligación judicial ejecutable.
Para que el hijo reciba atención, deben examinarse las reglas de consentimiento, las excepciones legales y la posibilidad de atribución judicial de la decisión. No esperes que la negativa de un adulto a tratarse impida necesariamente estudiar la ayuda que necesita el niño.
¿Cuándo es necesario pedir ayuda jurídica?
Cuando el conflicto impide cumplir las medidas, bloquea una atención necesaria o expone al hijo a presiones o riesgos. Reúne hechos concretos e informes pertinentes. Una modificación de custodia no debe plantearse como castigo, sino justificarse desde la protección y el interés del menor.
Podemos ayudarte a revisar lo ocurrido y valorar una modificación de medidas o una petición más limitada. Si el problema es el tratamiento, consulta los pasos ante la oposición al psicólogo.
¿Cómo podemos ayudarte?
Cuéntanos tu situación y las dudas que necesitas resolver. Estudiaremos contigo cómo abordar tu caso y proteger lo que más te importa.
